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Vida y muerte: La magia no existe
07/07/2009 - Artículos -
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Javier Martínez Aldanondo,  Gerente de Gestión del Conocimiento de Catenaria  jmartinez@catenaria.cl

Cuando empiezo una conferencia, lo primero que les digo a los asistentes es que hay 2 razones por las que ellos están allá sentados. La primera es porque están vivos, algo que puede parecer evidente pero no lo es. La segunda es por dinero pero eso lo analizaremos en otra columna.

Estar vivo no es nada obvio y desde luego es esencial porque si no estás vivo, ya nada más tiene sentido (confieso que soy de los que no creen en otra vida). No puedes leer esta columna si no estás vivo. Si estás vivo es por que tienes conocimiento, que aprendiste en algún momento de tu vida y que eres capaz de gestionar cuando lo necesitas. Y aunque ya lo hayamos olvidado, no siempre fue así. En algún momento, al inicio de tu vida, no eras más que un embrión. Aunque no lo recuerdes, ten presente que naciste sin saber nada y todo lo que eres hoy, lo has aprendido a lo largo del camino. Todos somos distintos porque hemos vivido vidas diferentes y hemos aprendido cosas distintas (aunque la escuela se empeñe en homogeneizarnos).

Conocimiento y aprendizaje son tan antiguos como la civilización, como la vida y forman parte de tu ADN, impregnan absolutamente todo lo que haces. Sin conocimiento, simplemente mueres. Sin aprender es imposible sobrevivir. La historia del mundo es un proceso permanente de aprendizaje, de conocimiento progresivo. La tecnología no es otra cosa que conocimiento aplicado. Un teléfono es una extensión de tu voz y de tu oído que te permite comunicarte con personas que están a una distancia superior a la que pueden alcanzar tus sentidos. Un coche o un avión son tecnología que te permite desplazarte a una distancia y velocidad que tus piernas jamás podrían igualar. Si hace 500 años hubieses anunciado que sería posible hablar con personas que no puedes ver o desplazarte a 1.000 kilómetros por hora por el aire, te hubiesen tildado de loco y enviado a la hoguera inmediatamente. ¿Estabas mintiendo? ¿Era imposible? ¿Era cuestión de magia? ¿Hacía falta un milagro para que esas locuras fuesen posibles? No, simplemente es esa época no existía el conocimiento necesario para lograrlo. La inmensa mayoría de los problemas que te afectan, en tu vida personal o profesional tienen relación directa con el conocimiento (casi siempre con la ausencia de mismo).

Para estar vivo, en primer lugar hay que haber nacido y ese es un acto sobre el que ninguno de nosotros hemos podido decidir ni influir. Ahora bien, una vez llegamos a este mundo, el hecho de mantenerse vivo y evitar morir ya empieza a depender directamente de nosotros. Y lo que ocurre en todos los casos es que mantenerse vivo exige aprender y desarrollar una serie de capacidades que te permiten ser progresivamente autónomo. Vas acumulando conocimiento, al comienzo con la insustituible ayuda de tus padres, para caminar, comer, hablar y poco a poco adquirir habilidades más sofisticadas que en un momento de la vida te permiten valerte por ti mismo. Te mantienes vivo porque generas el suficiente conocimiento para detenerte ante un semáforo en rojo, reconocer una seta venenosa o nadar en el mar.

Analicemos por un momento el ámbito de la salud y su relación con el conocimiento. Para estar vivo, la salud es primordial. Ya el tango que empezaba “3 cosas hay en la vida, Salud, Dinero y Amor” sabiamente la situaba en primer lugar. De hecho morir es perder la salud definitivamente. Cuando se echa un vistazo a la historia, es fácil verificar como enormes cantidades de personas morían por enfermedades que diezmaban ciudades y hasta países enteros. La razón por la que morían era … falta de conocimiento. No se trataba de enfermedades incurables, no se trataba de problemas que no tuviesen solución. Hoy en día, todas esas enfermedades son muy fáciles de prevenir y de curar, basta una pastilla o algunos hábitos simples para evitarlas. Lo que ocurría siglos atrás era que, con el conocimiento disponible en la época, no era posible resolver el problema con el resultado que todos conocemos. Si hubiésemos aparecido en plena edad media con una pastilla para curar la tuberculosis, habríamos sido considerados magos, dueños de un poder supremo. La semana pasada toda mi familia acaba de ser víctima de la influenza humana AH1N1, la misma que lleva semanas acaparando portadas y titulares de periódicos y noticiarios. El fármaco que hay que tomar para combatirla, un antiviral, no es una poción mágica, es una combinación de ingredientes químicos que no dejan de ser otra cosa que el resultado de la investigación para combatir este virus. Es decir, Conocimiento puro.

Hoy en día, mucha gente sigue muriendo de enfermedades para las que todavía no encontramos remedio. Cáncer, SIDA, etc. ¿La razón? De nuevo es la misma, la falta de conocimiento. Dentro de algunos años, cuando existan las vacunas o los fármacos, a los habitantes de este planeta les parecerá tan sorprendente que tanta gente muriese de cáncer como nos pasa a nosotros cuando descubrimos que epidemias medievales causaban millones de muertes cuando la cura es tan sencilla.

Otra causa de fallecimiento, históricamente relevante, ha sido la muerte por causas violentas y más en concreto, las guerras. La fuerza siempre ha sido un elemento decisivo para resolver disputas, imponer creencias, opiniones o formas de gobierno. No soy experto en historia pero cuando se analizan las civilizaciones que han dominado las distintas épocas históricas, uno de los rasgos que se repiten de manera constante es que la mayoría lo hicieron basándose en su superioridad militar, en su capacidad de imponer el uso de la fuerza a sus adversarios para dirimir los conflictos. No deja de ser cierto que la superioridad militar era el resultado a su vez de sociedades más avanzadas, mejor organizadas y más poderosas económicamente. Pero cuando se habla de superioridad militar, de nuevo se habla de conocimiento y no de fuerza bruta. La semana pasada veía con mis hijos una película sobre la conquista de Norteamérica por parte de los ingleses y la superioridad de estos últimos se expresaba no a través de un mayor número de tropas (más bien al contrario) sino de disponer de un conocimiento critico que las tribus indias no tenían: mientras unos luchaban con arcos y flechas, otros lo hacían con rifles, pistolas y más tarde incluso ametralladoras, las tácticas, las estrategias y la instrucción militar, es decir el conocimiento, inclinaba decisivamente la balanza a favor de los invasores acarreando como consecuencia la muerte de los derrotados. Por esta razón, no es una coincidencia que la mayor parte de los desarrollos tecnológicos y de las innovaciones que posteriormente disfruta la “sociedad civil” hayan surgido inicialmente desde el seno de programas de investigación en el ámbito militar, en el sector de la Defensa que han gozado de impresionantes inversiones. Internet es uno de muchos ejemplos al respecto. Y es que mantener la superioridad militar sigue siendo fundamental y por tanto se continúan destinando gran cantidad de recursos a esta labor.

¿Hay algo más importante que la vida? Estar vivo es un tema de conocimiento. Imagina que eres multimillonario y te descubren un tumor cerebral operable pero con alto riesgo para tu vida. ¿Qué harías? Imagino que buscar al mejor cirujano. ¿Por qué? Por que necesitas a aquel que mayores probabilidades te ofrezca de salvarte la vida. ¿Qué separa a ese mejor cirujano de los demás? Simplemente tiene más conocimiento que el resto, es decir, tiene más experiencia, tiene mayor historial de casos como el tuyo resueltos exitosamente, ha aprendido cosas que otros no saben o, al menos, no con el nivel de precisión que él domina. Os recomiendo muy especialmente la lectura de este reportaje llamado “Una noche en la vida de dios” que plasma de forma magistral la vida de un cirujano experto mundial en transplantes, en definitiva un hombre que dedica su vida a salvar vidas y cuya única herramienta es … el conocimiento http://www.elpais.com/articulo/portada/noche/vida/dios/elpepusoceps/20090614elpepspor_10/Tes La magia no existe, los milagros tampoco.

Para finalizar os propongo una reflexión: ¿Alguna vez habéis pensado en cuál es vuestro Mapa Individual de Conocimiento? Así como este cirujano tiene un conocimiento importante para sus “pacientes”, que resulta fácil de identificar (y de gestionar, incrementar, tratar de transferir, compartir, etc.)? ¿Qué conocimiento tenéis vosotros que sea importante para alguien? ¿A quién le interesa ese conocimiento? ¿Quién es vuestro cliente? ¿Qué problema le resuelve tu conocimiento? ¿Qué conocimiento le aportas a tu empresa? ¿Dónde ese conocimiento le resulta valioso? En otra columna analizaremos tanto el Mapa Individual de Conocimiento como el Mapa de Conocimiento Crítico de las Organizaciones que no deja de ser el Mapa Estratégico sobre el que debiesen basarse para navegar en el turbulento mundo de los negocios.

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